Omoide wa itsumo kirei dakedo

Teníamos 14 o 15 años, Natalia y yo solíamos salir juntas, conversar por largo rato y quedarnos a dormir de vez en cuando en las casas de cada una. En las noches por lo general hablábamos hasta la madrugada, reíamos, llorábamos con nuestras historias, y otras veces veíamos televisión. Cuando me quedaba en su casa, salíamos por el barrio de ella, visitábamos amigos, comíamos pizza y pasábamos rato en la piscina de su unidad. Algunas veces salíamos con amigos, nos tomábamos una cerveza o tomábamos fotos para recordar esos momentos. Recuerdo una noche, especial, por la cual estoy escribiendo en este momento: ella llegó a mi casa, y yo aún no estaba lista porque Natalia me prestaría ropa suya para cambiar por un momento mi estilo y encajar en el ambiente al cual iba a llegar, nos maquillamos ligeramente y nos preparamos para pasar una noche loca, entonces pedimos un taxi y nos aventuramos las dos solas al concierto de Carlos Vives organizado esa vez por Movistar. Llegamos con bastante expectativa, y nos recibió el estadio con un espectáculo de luces, trajes, colores, y mucha música relacionado con Colombia y la nueva operadora de celulares que en ese momento estaba haciendo su lanzamiento. Una hora después de este previo show Carlos Vives salió al escenario y wow, empezamos a cantar, 

pero aún así sentíamos que algo hacía falta, estábamos solas y veíamos que todos estaban en grandes grupos, así que se me ocurrió una idea, y fue la de ubicarnos al lado de un grupo más grande y unirnos a éste para contagiarnos de la euforia del momento. Natalia se mostró al principio renuente a seguir mi idea, pero luego de un rato de lucha por llevarla al centro de la gente que cantaba locamente sin cesar, nos encontramos rodeadas de ellos (ahí Nato encontró su primer amor, y yo… no jajaja), estaban algo ebrios pero nos unieron a su grupo y cantamos hasta quedarnos sin voz, y por sorpresa mía todas las canciones sin excepción las había cantado sin que me hubiese puesto en la tarea de aprendérmelas, eso me indicaba que Carlos Vives había marcado mi infancia, y que sin querer me había enamorado de sus canciones tradicionales, y por esa razón lo disfruté mucho, tanto que hubiese sido perfecto si uno de los chicos presentes no me hubiera hablado durante todo el concierto (menos mal no le di mi número!!). Natalia en cambio cuando el show había terminado, decidió darle el número a su futuro novio, y ahí se desarrolló una nueva historia… que tal vez la relate más adelante, pero ahora sólo importa esta, que está presente y tan viva en mi memoria, si, porque sólo bastó con que escuchara la canción que pongo aquí para que todo llegara a mi mente instantáneamente…
Y como siempre llego a reflexiones, con esto me doy cuenta de que esas épocas no volverán, que mi amiga está muy lejos de aquí, que la extraño y la quiero a pesar de los problemas que en ese tiempo tuvimos, que el colegio fue una etapa muy chévere y que nunca se encontrarán amigas como las que tuve el privilegio de tener ahí…

oh momento de nostalgia pero mezclado con alegría!!
PD: Nato aún conservo tu última carta.

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~ por blucolore en abril 25, 2009.

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